Así se ve cuando ya estás trabajando.
La pantalla del proceso reúne todo lo de esa etapa en un solo lugar: el diagrama con sus carriles, los actores, el cliente y el proceso, y el historial de versiones. Nada de eso está escondido detrás de una cinta de opciones.
Arriba del diagrama vive el aviso «Qué falta definir». Si tu descripción dejó un camino sin resolver, el sistema no lo rellena por su cuenta: te lo enumera, separado en tres niveles, y tú decides. Un bloqueante cierra la exportación y solo se levanta corrigiendo el diagrama —no hay atajo—. Un pendiente también la cierra, pero puedes asumirlo tú desde la misma pantalla y seguir. Una sugerencia no bloquea nada. Es la diferencia entre una herramienta que te asiste y una que te entrega algo que después tienes que desarmar.
Borrador que Mapea arma con solo declarar el rubro. Es una estructura típica del rubro, no el mapa real de tu empresa. Ejemplo simplificado.
Tú adaptas el mapa de valor de acuerdo al negocio y decides con tu cliente el alcance de procesos a rediseñar. En este ejemplo se quitaron tres macroprocesos del borrador inicial.

Así se ve por dentro: tu panel real, no una maqueta.
Puedes diagramar el proceso con IA
Escribes el proceso con tus palabras, y la IA lo arma en actores, pasos y decisiones — sin inventar lo que no dijiste. Este proceso viene del macroproceso «Despacho» de tu Mapa de Valor.
«El cliente le pide una cotización al vendedor. El vendedor cotiza y le envía el precio. Si el cliente aprueba, Operaciones emite la orden y la cotización queda cerrada.»
- Actores
- Cliente, Vendedor, Operaciones
- Pasos
- Cliente — Recibe la solicitud
- Vendedor — Cotiza y envía el precio
- Decisión — ¿Aprueba?
- Operaciones — Emite la orden
- Fin — Orden cerrada
- Preguntas abiertas — la IA no las completó
- ¿En qué sistema se emite la orden?
Así se ve al exportar: el mismo proceso en notación BPMN, de izquierda a derecha y con cada actor en su carril.
Los dos son esquemas de referencia, construidos a partir del producto real — no son capturas de pantalla.
El rediseño no reemplaza al proceso original: queda al lado.
Guardar el rediseño no toca el proceso que ya tenías: se crea un diagrama nuevo, vinculado al original pero independiente. Ese diagrama arranca de un duplicado del proceso actual —tu punto de partida es el proceso tal como está hoy, no una página en blanco—, y desde ahí aplicas los cambios según tu propia lista de hallazgos, con o sin ayuda de la IA para redactarlos. Mapea te muestra, en una lista, exactamente qué cambió: qué paso se agregó, cuál se eliminó, cuál cambió de nombre, de responsable o de sistema. Nada de adivinar qué se movió entre una versión y la otra.
El proceso levantado en las etapas 1 a 4, con sus hallazgos de riesgo y de fricción.
Un diagrama nuevo, con su propio historial. El original sigue abierto y sin cambios.
Desde el rediseño siempre tienes a mano «← Volver al original». Las dos quedan guardadas: puedes comparar, descartar la propuesta o seguir mejorando sobre ella.
Así se ve la comparación en Mapea: una lista de diferencias, no dos diagramas enfrentados. El formato lo produce el sistema; el proceso del ejemplo es ilustrativo.
Todo el recorrido, de la cuenta creada al archivo exportado.
Este es el mismo mapa que ve quien ya tiene una cuenta: qué puedes hacer primero y qué se abre después, paso a paso.
Árbol de funcionalidades
Qué puedes hacer primero y qué se abre después.
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